viernes, 22 de mayo de 2009

CARTA ENCÍCLICA CENTESIMUS ANNUS (1 de Mayo/1991)




DE JUAN PABLO II A SUS HERMANOS EN EL EPISCOPADO AL CLERO A LAS FAMILIAS RELIGIOSAS A LOS FIELES DE LA IGLESIA CATÓLICA Y A TODOS LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD EN EL CENTENARIO DE LA RERUM NOVARUM
RESUMEN

La presente se expide en conmemoración de los cien años, donde se confirmará el valor de las enseñanzas de la carta encíclica escrita por León XIII “Rerum Novarum”, en la cual encontraremos capítulos que hablan de sus rasgos característicos como también de aspectos que enmarcan el estado y la cultura, el hombre dentro del camino de la Iglesia y la propiedad privada y el destino universal de los bienes.

La “Rerum Novarum” en su contenido se presta para ser apropiada dentro de la situación actual, puesto que su marco histórico y previsiones apuntan sorprendentemente a las consecuencias negativas bajo los aspectos políticos, sociales y económicos de un ordenamiento de sociedades propuestas por el socialismo, más adelante conocido como “socialismo real” del cual dice:

“Para solucionar este mal (la injusta distribución de las riquezas junto con la miseria de los proletarios) los socialistas instigan a los pobres al odio contra los ricos y tratan de acabar con la propiedad privada estimando mejor que, en su lugar, todos los bienes sean comunes...; pero esta teoría es tan inadecuada para resolver la cuestión, que incluso llega a perjudicar a las propias clases obreras; y es además sumamente injusta, pues ejerce violencia contra los legítimos poseedores, altera la misión del Estado y perturba fundamentalmente todo el orden social.

La socialidad del hombre no se agota en el Estado, sino que se realiza en diversos grupos intermedios, comenzando por la familia y siguiendo por los grupos económicos, sociales, políticos y culturales, los cuales, como provienen de la misma naturaleza humana, tienen su propia autonomía, sin salirse del ámbito del bien común. A esta «subjetividad de la sociedad», junto con la subjetividad del individuo, ha sido anulada y vista de una manera errónea por el socialismo real” la cual causa una visión ateísta.

Por lo tanto, el hombre queda reducido a un simple elemento y una molécula de una serie de relaciones sociales, el cual distorsiona el derecho del ejercicio de la libertad. En efecto cuando se carece de llamar “suyo” y no tiene la posibilidad de ganar para vivir por su propia iniciativa, pasa a depender de la maquina social de quienes la controlan, lo cual dificulta reconocer la dignidad de la persona y entorpece el camino para la constitución de la auténtica comunidad humana.

En cuanto a la diferencia de clases sociales, la encíclica afirma que no están limitadas a negar el respeto por la dignidad del otro y por tanto en si mismo, que excluyen en definitiva, un acuerdo razonable y persiguen no ya el bien general de la sociedad, sino más bien en un interés de parte que suplanta al bien común y aspira a destruir a lo que se opone.

Esta carta de ahora (Centesimus Annus) ha querido mirar al pasado, pero sobre todo está orientada al futuro. Al igual que la Rerum novarum, se sitúa casi en los umbrales del nuevo siglo y, con la ayuda divina, se propone preparar su llegada, en las cuales el socialismo, el marxismo y el liberalismo son consideradas teorías que no se prestan para el dialogo y la colaboración por el pobre económicamente, culturalmente y religiosamente.

El amor por el hombre y, en primer lugar, por el pobre, en el que la Iglesia ve a Cristo, se concreta en la promoción de la justicia. Ésta nunca podrá realizarse plenamente si los hombres no reconocen en el necesitado, que pide ayuda para su vida, no a alguien inoportuno o como si fuera una carga, sino la ocasión de un bien en sí, la posibilidad de una riqueza mayor. Sólo esta conciencia dará la fuerza para afrontar el riesgo y el cambio implícitos en toda iniciativa auténtica para ayudar a otro hombre. En efecto, no se trata solamente de dar lo superfluo, sino de ayudar a pueblos enteros —que están excluidos o marginados— a que entren en el círculo del desarrollo económico y humano. Esto será posible no sólo utilizando lo superfluo que nuestro mundo produce en abundancia, sino cambiando sobre todo los estilos de vida, los modelos de producción y de consumo, las estructuras consolidadas de poder que rigen hoy la sociedad.

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